domingo, 29 de mayo de 2011

MESSI ES EL PUTO AMO

¡¡Cómo juega ese pibe, y cómo juega el Barcelona!! Lo decía hace un tiempo, aunque obviamente no se necesitaba ser ningún profeta: el Barsa es un espectáculo.

viernes, 27 de mayo de 2011

JPV: Jungla Política en Vivo

Pude ver algunos fragmentos de Jungla Política en Vivo. Me alegra que JP Varsky -a mi juicio, uno de los mejores periodistas del país entre los que son "celebridades"- tenga ese programa. Espero que ayude a mejorar el debate político y democrático en la Argentina. Le agradezco a Mendieta la mención del nuevo emprendimiento del amigo JP.

La cada vez más famosa Beatriz Sarlo, en su libro La audacia y el cálculo (pág. 95), rescata un comentario en un blog k: "Varsky que es un liberaloide keynesiano. Yo le desconfío de todo".

En fin, no creo para nada que esa opinión sea representativa de lo que piensan los "maoméno kirchneristas".  Al margen: me pareció muy pobre el análisis que Sarlo hace del fenómeno de los blogs y redes sociales.
En fin, adhiriendo al fenómeno de Mendieta, espero que el programa de Varsky sea un piso, y no un techo, en la televisión vernácula.

LA SACRALIZACIÓN Y LA BANALIZACIÓN

En La lectora provisoria, blog donde escribe Quintín, leí varios comentarios donde livianamente se afirma que el kirchnerismo es una forma de fascismo, o que tipos como Gabriel Mariotto son fascistas o proto-fascistas. Personalmente me parece que la calificación de fascista aplicada al kirchnerismo no sirve más que para adjetivar y fijar posición en lugar de para esclarecer el debate. Bah, a decir verdad me parece una pelotudez, pero quiero tratar de ser moderado en el análisis para no suscitar ningún encono.

Aclaro que este escrito pretende ser muy general: dejaré la coyuntura para otros posteos futuros.

El término "fascismo" hace rato que dejó de ser un sustantivo para utilizarse, en gran medida, como adjetivo. Algo similar ocurre cuando se designa a alguien o algo como "de derecha" o "nazi". De todas maneras no quiero profundizar en la cuestión de kirchnerismo fascismo o peronismo/fascismo, sino que me interesa traer a colación dos conceptos muy didácticos y generales que utiliza el crítico literario y lingüista Tzvetan Todorov en su libro Memorias del mal, tentación del bien. Los conceptos principales que quiero rescatar son el de "banalización" y el de "sacralización" del pasado. Repito que no voy a analizar la coyuntura a partir de lo dicho por Todorov, para no alargar demasiado lo escrito.


Los usos de la memoria:

Según Todorov, la memoria, en sí misma, no es ni buena ni mala. Los beneficios que se espera obtener de ella pueden ser desviados. ¿De qué modo? En primer lugar, por la propia forma que adoptan nuestras reminiscencias, navegando entre dos escollos complementarios: la sacralización o aislamiento radical del recuerdo; y la banalización, o asimilación abusiva del presente al pasado.

Peligro de sacralización: Es evidente que cada acontecimiento del pasado es específico y diverso. Es totalmente comprensible que a uno le preocupe más la desgracia de un ser querido que el hecho de que hayan muerto miles de personas como consecuencia de la bomba de Hiroshima y Nagasaki. Es esperable y comprensible que para un ruandés sea más significativa la matanza de las tribus hutus sobre los tutsies y los hutus moderados en lugar del genocidio armenio, el genocidio judío o los 30 mil desaparecidos. A un familiar de una persona muerta por la guerrilla posiblemente le resulte más relevante ese asesinato que cualquiera de las restantes desapariciones. No obstante, no porque los acontecimientos pasados sean únicos y cada uno de ellos tenga un sentido específico es preciso no relacionarlos con otros. Cuanto más numerosas son las relaciones, más particular (o singular) se hace el hecho. Dios es sagrado porque es absoluto y omnipresente, y no particular, como un hecho que ocupa un tiempo y un espacio únicos.

La Masacre de Cromagnon ocurrió en el ambiente del rock, y tal vez quien o quiénes tiraron bengalas hayan escuchado una y otra vez Smoke on the water de Deep Purple, donde se habla de "some stupid with a flare gun burned the place to the ground". El pasado y la tradición están ahí, a disposición de una mayoría que suele ser ciega y sorda.

El pasado, en síntesis, cumple una función enriquecedora para el presente cuando nos sirve de lección. Se dice que “de los errores se aprende”. Me parece que de los errores no SE aprende, sino que puede (o no) aprenderse. Que un error haya acontecido no indica necesariamente que sobrevenga ningún tipo de lección. De hecho, el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra (aunque ignoro si no habrá existido algún camello o perro pekinés que se haya tropezado más de una vez con alguna extensión sobresaliente del suelo, aunque en este caso no importa demasiado).

Sería paradójico, como mínimo, afirmar a la vez que el pasado debe servirnos de lección y que no tiene relación alguna con el presente: lo que es sacralizado de este modo no puede ayudarnos en absoluto en nuestra existencia actual.

La sacralización del pasado sirve de pantalla o excusa para la inacción en el presente. Puede ocurrir que a pocos metros de un acto en conmemoración por los 30 mil desaparecidos se estén muriendo de hambre niños y ancianos y prostituyendo jóvenes indocumentadas sin que nadie haga nada por evitarlo. ¿Se entiende a qué apunto? No quiero decir que los actos no sean importantes, entiéndaseme bien, pero siempre y cuando no se transformen en una pantalla para no ver los demás problemas y actuar en consecuencia.

En política, la tarea es distinta que cuando hacemos historia. En política, el “mal” adopta nuevas formas continuamente. No es lícito que, en nombre de la memoria –aun de las más legítima-, descuidemos las nuevas encarnaciones del mal ni encubramos los peligros del presente. Es indispensable rescatar la memoria de los vencidos de la historia (los humillados, los despreciados, los que han sufrido injusticias); sin embargo, los muertos no deben impedir a los vivos seguir viviendo. Ahí radica gran parte del difícil y delicado equilibrio entre necesidad de memoria y necesidad de olvido.


Peligro de banalización: En la trivialización o banalización del pasado, los acontecimientos pierden toda especificidad, siendo asimilados a los del pasado. Si utilizamos el término “nazi” como sinónimo de canalla, toda lección de lo que aconteció en lugares como Auschwitz se ha perdido. Hitler mismo es un personaje que está en todas las salsas y ensaladas de la historia; a cada momento aparecen nuevos hitleres. A los estadounidenses les gusta, con todo su aparato propagandístico, designar así a sus enemigos para asegurarse el apoyo incondicional de la comunidad internacional: Saddam Hussein es un nuevo Hitler, Milosevic es otro, Chávez casi que también. Los acusados se entregan a las mismas proyecciones: Chávez acusando a Bush de nuevo führer hace algo similar, aunque para imponer su idea cuenta con mucho menos poder, dinero y parafernalia que el presidente de los Estados Unidos.

Decir que Putin, el actual presidente ruso, sigue los pasos de Stalin, impide saber quién era Stalin y quién es Putin. Si yo digo que las políticas económicas de Martínez de Hoz son una continuación de las empleadas por Menem y Cavallo en los 90’s no estoy reduciendo uno en términos del otro, ni asemejando a Menem con Videla. No puede haber juicio sin comparación. Si comparo a Maradona con Messi no estoy diciendo que Messi se reduce a Maradona ni viceversa.

En resumen: cuando el pasado está sacralizado sólo nos recuerda a sí mismo (sin servir de lección al presente); mientras que cuando está trivializado nos hace pensar en todo y en cualquier cosa. Siguiendo con el ejemplo de Maradona: decir que no es comparable con nadie porque es una suerte de semidiós sería sacralizarlo, decir que Maradona y el número 4 de Atlético Campana son técnicamente semejantes es no entender nada de fútbol.

Por ejemplo: Sacralizar a Borges no favorece su lectura, sino que nos aleja más y más de su obra. Nos hablan tanto del Quijote y de Cervantes que casi nos creemos que lo hemos leído.

Por otro lado, juzgar es comparar. Entiendo perfectamente la frase “las comparaciones son odiosas” (quiere decir, no le metas presión a determinada persona comparándolo con alguien consagrado porque lo abrumas), pero también creo que si no comparamos no podemos juzgar. ¿Cómo juzgar si una película nos gusta si no utilizamos la comparación? Traten de nombrarme a su músico favorito sin que intervenga, explícita o implícitamente, un juicio por comparación, y les doy un millón de dólares.

Del error “se aprende”. Pues bien, pasemos a enumerar:

Primera Guerra Mundial: ocho millones y medio de muertos en los frentes, casi diez millones en la población civil, seis millones de inválidos. Durante el mismo tiempo: genocidio de los armenios, un millón y medio de personas llevadas a la muerte por el poder turco. La Rusia soviética, nacida en 1917: cinco millones de muertos a causa de la guerra civil y la hambruna de 1922, cuatro millones de víctimas de la represión, seis millones de muertos durante la hambruna organizada de 1932-1933. Segunda Guerra Mundial: más de treinta y cinco millones de muertos sólo en Europa (equivalente casi a toda la población actual de la Argentina), de ellos al menos veinticinco en la Unión Soviética. Durante la guerra, exterminio de los judíos, los gitanos, los deficientes mentales, los comunistas: más de seis millones de víctimas. Bombardeos aliados de la población civil en Alemania y Japón: varios centenares de miles de muertos. Los desaparecidos en Argentina, los muertos por la guerrilla armada, los muertos en Argelia, la matanza de hutus y tutsies, la invasión a Irak y Afganistán (esta vez Stallone no protegió a los afganos como en Rambo III). ¿De los errores se aprende? No es lo usual, aunque sería deseable que así fuese .

Como dijo Primo Levi, “un oprimido puede convertirse en opresor”. El sufrimiento padecido no ennoblece a quienes afecta (mal que le pese a cierta concepción cristiana del dolor como ennoblecedor del alma humana).

En Israel está presente el genocidio sufrido por el pueblo judío, y sin embargo la política de este país para con sus actuales vecinos, en particular los palestinos, dista muchísimo de ser irreprochable. La experiencia pasada no sólo no ha transmitido automáticamente una lección que podría beneficiar a los demás; se invoca, por el contrario, para justificar una política que convierte a los palestinos en las víctimas de las víctimas.

Justicia y venganza:

Hay una diferencia entre justicia y venganza: la venganza consiste en responder a un acto individual con otro acto individual, comparable en principio: mataste a mi hijo, yo mataré al tuyo. La justicia, en cambio, confronta el acto individual a la generalidad de la ley; el anonimato de los justicieros (policías o magistrados) se opone a la identidad singular del vengador. La venganza, como el perdón, es personal; la justicia no lo es, la ley no conoce individuos (cuando funciona, claro está, pues sabemos que en nuestro país la justicia es enormemente mejorable). Por otra parte, la pena no es un reflejo especular del crimen sino proporcionada a las demás penas; en vez de estar directamente motivada, forma parte de un sistema. El acto de justicia repara la ruptura del orden social, confirma la validez de la ley (escrita o, como en los crímenes contra la humanidad, no escrita) y, por lo tanto, el propio orden social; no compensa necesariamente la ofensa sufrida por el individuo. Lo importante desde este punto de vista no es que la justicia sea más o menos severa, sino que sea.

En la venganza, una violencia nueva responde a la violencia antigua, a la espera de provocar una futura violencia de compensación: el mal aumenta en vez de disminuir.

El acto de venganza es un inconveniente suplementario: conforta a quien lo realiza en su perfecta buena conciencia y nunca le permite interrogarse sobre el mal que hay en él. La cuestión moral se evacúa en beneficio de la reparación física. Por su lado, la justicia tiene el inconveniente de la abstracción y la despersonalización; pero es la única oportunidad que tenemos para hacer disminuir la violencia.

La pena de muerte, a mi juicio, tiene que ver más con la venganza que con la justicia: dice que el que mata debe morir, es un puro castigo, y no un acto de prevención. En su alegato contra la pena de muerte, Albert Camus mencionaba una cifra reveladora: entre los 250 ahorcados por la justicia, a comienzos de siglo, en Inglaterra, 170 habían presenciado personalmente una ejecución capital. El conocimiento de primera mano no había, pues, encaminado en nada su comportamiento.

La fórmula de Santayana, según la cual “quienes olvidan el pasado están condenados a repetirlo”, es falsa si se la toma en sentido literal. El pasado histórico, al igual que el orden de la naturaleza, no tiene sentido en sí mismo, no emana por sí solo valor alguno; sentido y valor proceden de los sujetos humanos que los examinan y los juzgan. El mismo hecho puede recibir interpretaciones opuestas y servir de justificación a políticas que se combaten mutuamente.

FASCISMO Y PERONISMO:

Dado que se trata de una cuestión compleja, me parece que da para un post aparte. Me permito citar un libro muy didáctico cuyo capítulo 4 trata el tema (aunque para muchos peronistas ortodoxos, imagino, puede tratarse de un autor "gorila", je):

Federico Finchelstein, La Argentina fascista.

miércoles, 18 de mayo de 2011

UN AMOR FRUSTRADO Y MI NOKIA 1100

Nunca he tenido otro aparato de celular que no sea mi actual  Nokia 1100, y jamás cambié mi  número.
Se sabe que el aparatejo no tiene juegos demasiado sofisticados. A veces, cuando estuve en estado de aburrimiento extremo, he tratado de superar mi propio record de puntos haciendo crecer una viborita electrónica a la mayor velocidad posible (soy así, me gusta el riesgo extremo y la adrenalina).

El pueblo tampoco ignora que el Nokia 1100 es más resistente que las cucarachas; jamás se rompe: a lo sumo se vende, se pierde o te lo afanan.

Recuerdo que una noche íbamos a conocernos personalmente con una danesa hermosísima; sólo la había visto en fotos: era rubia, de pelo largo, enrulado y de ojos azules. Vivía en Roskilde, era amiga de una amiga, y tenía previsto permanecer en la Argentina por menos de un mes. Nos citamos en un bar de San Telmo que solía estar plagado de extranjeros -si mal no recuerdo quedaba en Perú al 900, y se llamaba "Gibraltar"- y yo de la ansiedad llegué media hora más temprano. Me pedí una cerveza y, mientras miraba cómo el lugar se iba llenando, empecé a hacer tiempo boludeando con el gusanito electrónico del Nokia 1100. En rigor, uno no "hace tiempo" sino que lo derrocha, se le va, no lo podemos decir al instante: "¿tomatelá, me estás molestando!" ni tampoco "¡detente instante, eres tan hermoso!" Pero mejor dejemos la filosofía barata.

A las dos horas de tardanza, medio que me estaba comenzando a sentir un poquito "loser": cierta conciencia excesiva de "ser mirado" que tiene uno cuando se autopercibe como un ganso solitario y aburrido en medio del gentío alegre, que aparenta conocer la clave de la felicidad en la tierra y no quiere compartirla con el resto de los mortales.

Sin embargo, sistemáticamente me consolaba pensando: "¡ya van a ver estos giles que me miran como si fuese un nabo, cuando entre la rubia escultural no lo van a poder creer!"

Ajeno a todo, el tiempo seguía fluyendo en medio de la noche, y yo me veía forzado a fingir un interés que no sentía por el crecimiento de la dichosa  viborita, eternamente atrapada dentro de las paredes de mi Nokia gris. A las tres horas recibí un mensaje de mi amiga, donde me decía que habían cenado comida mexicana y tomado tanto vino que a la danesa le había caido mal, que había vomitado varias veces y que por eso se tenían que quedar en cama.


Terminé la noche viajando solo en el 24, cerca de las cuatro de la mañana, jugando todo el trayecto con la viborita de mierda. Incluso hice el record de puntos, pero no me importó.

jueves, 5 de mayo de 2011

EL CHISTE DE "PEPE" NUN

Un capataz llama a su patrón, alojado en el Hotel City de Buenos Aires por negocios ganaderiles.
-¿Hola, patrón?
-Diga, don Braulio.
-Se murió el lorito, patrón.
-Qué pena, don Braulio. Pero vea, hombre, yo ando muy ocupado por acá. Haga lo que usted quiera.
-Pero, ¿usted lo recuerda bien al lorito?
-Sí, don Braulio. Y me duele mucho su noticia. Bué, ¿algo más?
-El lorito se murió quemado.
-¿Quemado? ¿Y por qué quemado?
-Por la caballeriza.
-¿Qué pasó con la caballeriza don Braulio?
-Se incendió toda, patrón. Algunos caballos se salvaron. Pero pocos y no los mejores.
-Pero, ¿qué me está diciendo, hombre? ¿Y por qué mierda se incendió la caballeriza?
-Ay, patrón, porque se incendió la casa.
-¿Y por qué mierda se incendió la casa?
-Por las velas, patrón.
-¿Qué velas?
-Las del velorio de su esposa.
-¿Qué? ¿Murió mi mujer?
-Sí, patrón. Y como sabemos que usted no va a volver hasta dentro de quince días la velamos nosotros nomás. Pero si quiere quedarse por más tiempo, quedesé, patrón. Porque con la casa también se incendió el féretro de su mujer. Con ella adentro.
-Don Braulio, ¡váyase a la puta que lo parió!
-Epa, patrón, tanto enojo por un lorito muerto.

(Relatado por J. P. "Soberbia" Feinmann en su libro "El flaco").

ADQUIRIR PODER NO ES GESTIONAR PODER

(Foto: Macri con "un ser pobre", a la derecha de su pantalla... ¡cuac!).

Rescato una idea de Marcelo Saín, que me parece evidente, aunque se suele pasar por alto:

Los partidos políticos son expertos en la lucha por el poder, pero no son expertos en el ejercicio del poder: ergo, se creen que toda la destreza que adquirimos en ganar elecciones son destrezas que nos sirven para gestionar el gobierno. ¡Error garrafal! La lógica de ejercicio del gobierno es una lógica completamente distinta a la lucha política por acceder al gobierno.

Como dice Saín: "lo hemos visto en la derecha: Macri ha hecho una campaña técnicamente prolijísima, impecable, entendiendo bien lo que estaba esperando social y colectivamente la Ciudad de Buenos Aires; pero es un zapparrastrafo gestionando todos los aspectos de la ciudad. Las destrezas en un campo, no se convierten en destrezas en el otro".

Aunque muchas veces discrepe con ella, hoy voy a agregar una entrevista que le hicieron a Beatriz Sarlo, donde la mina dio respuestas que me parecieron muy acertadas:

En su libro Ciudad vista. Mercancías y cultura urbana, Sarlo pone el foco en la circulación de mercancías, desde los shoppings hasta los artesanos; la irrupción de las grandes construcciones; el comportamiento de las nuevas migraciones y los nuevos usos del espacio público, definidos también por las consecuencias de 2001.



– Uno de los ejes de su libro es el análisis del uso del espacio público. El gobierno de Mauricio Macri promete instalar más cámaras filmadoras para controlar el delito en la ciudad. En este combate contra la inseguridad, ¿qué riesgo colateral corre la población?

Los ciudadanos piden las medidas de seguridad, pero no son capaces de discutir las consecuencias. Exigen la vigilancia sobre lo urbano y luego se escandalizan cuando una huerta orgánica es destruida por las topadoras de Macri. Eso entra en la lógica del equilibrio entre vigilancia-seguridad y la implantación de un uso restringido del espacio público. Es necesario repensar ese equilibrio constantemente. No se trata de que no haya ningún espacio público sin rejas. El tema no es la reja en sí, sino la vigilancia autoritaria que se ejerce sobre la ciudad.


– ¿Cree que hay una lógica autoritaria en el gobierno porteño cuando impulsa medidas sobre el espacio público?

– El desalojo por la fuerza de la huerta orgánica, que no comía espacio sino que estaba pegada a una plaza, es el claro ejemplo de una visión autoritaria del funcionamiento del espacio público. El sostenimiento de la huerta es un espacio de ciudad que se construye espontáneamente. Y acá radica su importancia. Porque si hay algo que defender en las ciudades de la posmodernidad, es aquello que sus habitantes pueden hacer con algún grado de espontaneidad, que ni el mercado, ni el autoritarismo, ni el Estado con sus mejores intenciones pueden construir.


–Más allá de esta particularidad y a un año y medio de que Macri ganara las elecciones por más del 60%, ¿qué evaluación hace de la administración local?

Me parece que Macri hace una gestión municipalista en el peor de los sentidos del término. La ciudad es sólo luminaria y bacheo. Es una administración inocua. Eso es evidente en la forma que interviene. Y los proyectos que encara son propios de los Centros de Participación y Gestión, en caso de que se implementara la Ley de Comunas. No tiene ningún gran proyecto para Buenos Aires.


–Según la oposición, los únicos grandes proyectos que tiene son los supuestos negocios inmobiliarios…


– A Macri no le quedan ya sino las migajas para los negocios inmobiliarios. El gran avance sobre el espacio público se dio con las construcciones de torres autorizadas por gobiernos anteriores. Incluido el espacio aéreo, que es eminentemente público porque está relacionado con el uso de la luz y la renovación del aire, entre otras cosas. Gracias a las excepciones al Código de Edificación, Buenos Aires se llenó de torres. La gran operación inmobiliaria de Buenos Aires fue de (Carlos) Grosso, cuando impulsó la remodelación de Puerto Madero con un enorme éxito para el mercado inmobiliario.


– Lugares como Puerto Madero o el “Faena District”, donde muchos sólo pueden contemplar como en los centros comerciales, ¿no comienzan a parecerse a los shoppings a pesar de diferir en el funcionamiento?

Con el tiempo puede ser que terminen transformándose en un centro de mercancías al aire libre. Pero por el momento no. El shopping es una especulación inmobiliaria, pero también la última forma de disposición de las mercancías móviles, constituyendo una burbuja dentro del espacio urbano. Se opone a la ciudad moderna, que entró en crisis y se terminó, en primer lugar, por el avance de la pobreza y por el imaginario de la inseguridad. Otra de las causas es la crisis del sistema del transporte.


– Otro grupo social que aparece en su libro son los artesanos. ¿Considera que representan una resistencia al avance autoritario sobre el espacio público?

– Más bien creo que los artesanos hacen lo que no pueden dejar de hacer. Son gente que no tiene trabajo, no puede conseguirlo o ya se habituó a una cultura de ese estilo. Cuando una persona está quince años sin empleo, no hay nadie que lo lleve de vuelta al mercado laboral. Esa gente ocupa el espacio público porque está sobreviviendo.

– Pero muchas veces desde el gobierno y desde parte de la sociedad se cuestiona por igual la presencia de los artesanos y los vendedores ambulantes, con mafia o sin ella.


– La ciudad es conflicto, pero la perspectiva de un gobierno tiene que distinguir entre los problemas fundamentales y los secundarios. Es mucho más escandaloso que se otorguen permisos para la edificación por sobre lo que marca la ley, que una persona venda ositos de peluche en la calle. Los vendedores ambulantes, como gran parte de la población, vienen golpeados de varias crisis económicas.

– En ese sentido, ¿cómo impactaron las distintas crisis en la geografía urbana?


La distribución del ingreso se refleja en la nueva división de Buenos Aires. Sur y norte no son solamente lugares en el mapa, sino conceptos de estratificación social. El sur ha avanzado hacia el norte, que es cada vez más chico. Antes, como decía Borges, el sur terminaba en Rivadavia. Hoy llega hasta Santa Fe.


Una de las divisiones analíticas que utiliza en Ciudad vista es “La ciudad de los pobres”. ¿Cree que hay una tendencia a naturalizar la indigencia por parte de los porteños?


– Hubo un momento de sensibilización extrema en la sociedad durante 2001 y 2002. Cuando las capas medias y medias bajas pensaron que les podía pasar lo que estaban viendo que les pasaba a los pobres. Se tomaron muchas iniciativas muy románticas. Como los centros de trueques, a partir de los cuales las capas medias iban a trocar como si estuviéramos de nuevo en el siglo X. Pero cuando terminaron de caer todos los que iban a caer, este sentimiento de solidaridad futura se extinguió. O al menos se atenuó. Es que exigir al resto de los habitantes un estado de visión de shock permanente es imposible.


– Pero es una problemática que desde el Estado los distintos gobiernos no pudieron dar respuesta…


– Lo que resulta inconcebible es que, después de haber atravesado la crisis, todavía haya chicos en las calles y el Estado no haya implementado políticas activas en este sentido. Sin internarlos en institutos de educación, que sería lo mismo que si los llevaran al quinto círculo del infierno. Pero no es un problema sólo de Macri. Tampoco pudo ser solucionado en las administraciones anteriores.

– Bueno, pero el jefe de Gobierno no se caracteriza por su vocación social…

Es cierto que no tiene un discurso fuerte sobre lo social. Interpela al “vecino respetable”, no a los otros. Sin embargo, las anteriores administraciones tenían un discurso que hacía eje en lo social y al final dudo de que hayan materializado políticas activas para modificar la situación de los más necesitados. Claro, son más simpáticos los dirigentes que tienen un discurso con contenido social. Pero son más simpáticos aún los que tienen una acción y un plan concreto.

– El macrismo suele referirse a los porteños como “vecinos” y no como ciudadanos. ¿No cree que hay un vaciamiento de sentido en esa interpelación?

– Es verdaderamente insultante que a los habitantes de Buenos Aires se los trate de vecinos, como si no fueran ciudadanos, como si no tuvieran derechos. Aunque todos le hablan al “vecino”. No es una exclusividad de este gobierno.


– ¿El miedo atenta contra la libertad de la ciudad?


Coarta de manera subjetiva a los habitantes de la ciudad. No simplemente por el sistema de vigilancia. Les impide moverse por la ciudad por razones que son objetivas, por una parte, porque ha aumentado la inseguridad en todas partes de mundo, pero también subjetivas, por otra, porque se trata de cómo es vivido ese aumento. En esta cuestión, los grandes responsables son los medios de comunicación.

– ¿Por qué?

– No son capaces de definir el tema de la inseguridad en términos comparativos. La prensa fogonea el miedo y oculta que Buenos Aires es, junto con Santiago de Chile y Montevideo, la ciudad más segura de América Latina. Otra cuestión son las villas como la 1.11.14. Pero yo no conozco ningún habitante de Belgrano que pasee por ahí. Los lugares más inseguros son donde viven los más pobres. El discurso del miedo está construido de manera hiperbólica en la prensa. Claro que la dimensión comparativa no consuela ni concierne a las víctimas, pero sí puede concernir a la colocación del resto de la sociedad en el espacio público.

– Ante esas problemáticas muchas veces se añoran tiempos anteriores. ¿Hay una idealización del pasado?


Es que se quiere construir una imagen de una ciudad que es imposible. La gente mayor de 40 años, que es la voz cantante en la problemática de la inseguridad, tiende a decir que “todo pasado fue mejor”. Entonces, la ciudad de su infancia era más linda, más segura. Pero no se puede construir política sobre la idea de nostalgia. Tiene que ser considerada como un dato subjetivo, no como una objetividad para la política.


– En ese sentido, ¿cuánto influye el discurso oficialista?


– La otra cuestión es que Macri les habla a los vecinos acerca de que es posible restaurar la Buenos Aires de 1950. Pero esta ciudad no existe más. No se pueden pensar políticas para retrotraer el uso de la ciudad a 1950, donde los chicos jueguen a la pelota en la calle mientras pasan autos a 150 kilómetros por hora. Ahora el uso del espacio público está dado en los grandes espacios. Pensar que las señoras van a dejar de ver televisión para ir a tejer a la vereda es ridículo.


–¿Qué impresión le causa la emergencia de los nuevos barrios reciclados, como Palermo?


– Lo interesante de la modificación de Palermo es que no se trató de una gran operatoria inmobiliaria sino de una movida de sus habitantes para defender el barrio. Los Sensibles de Palermo y otros grupos de vecinos fueron los primeros en defender una forma del uso del espacio público y del uso de la propiedad que constituía su identidad. Recién después entraron los desarrolladores inmobiliarios, que aprovecharon las dotaciones de las viejas casas para convertir a Palermo en lo que es hoy: un inmenso patio de comidas con un circuito de ventas al aire libre.

– Las casas ocupadas también emergieron en la urbanidad porteña como el reflejo de una problemática habitacional. ¿Qué piensa de ellas?


– Las casas tomadas son la precaria solución de vivienda para gente que no la tiene. Ya sea enviada ahí por caudillos políticos o caudillos inmobiliarios, que van alquilando las piezas de las casas porque saben cuáles se pueden tomar. Las ocupaciones no siempre son espontáneas. Y, naturalmente, las casas tomadas no producen ciudad en el sentido de innovación. No se pueden reproducir esos modelos. La gente vive de la peor manera posible, en condiciones horribles de sanidad y servicio público, que no se termina de integrar en el barrio sino que deteriora la trama urbana de ese barrio. El Estado tiene el deber de solucionar el problema de esas personas. Me resisto a tener una visión romántica de ninguno de los modelos de ocupación del espacio público que sean dañinos para aquellos que lo ocupan.

Inmigración y proyectos políticos

– Otro grupo que aparece en su libro son los inmigrantes. ¿Qué diferencia encuentra entre las nuevas oleadas de bolivianos, peruanos y paraguayos y las que se dieron con el flujo europeo?


– Al contrario de lo que pasó con los italianos y españoles que llegaron en 1880 hasta la Primera Guerra y después de la década del 20, el Estado los necesitaba para tener mano de obra barata y tenía un mercado de alimentos relativamente barato. En cambio, las migraciones que llegan de Bolivia, Paraguay, Perú no forman parte de ningún proyecto público. Estamos obligados constitucionalmente a recibirlos y a darles todas las posibilidades. La cuestión de las migraciones no es un tema de las villas. Es un tema federal.

– ¿Qué consecuencias trae esa falta de proyecto?

Al no estar contemplada como política, se crean reflejos antimigratorios en los sectores populares con trabajo porque los inmigrantes parece que vendrían a recargar un mercado de trabajo que ya en sí mismo no es demasiado grande.

miércoles, 4 de mayo de 2011

NOSOTROS Y LOS OTROS: INSEGURIDAD Y POBREZA

"El hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla sin tener nada que decir" (Mark Twain)


(Foto: cárcel chilena).

Parafraseando a otra cita de Twain, diré que a mí no me importa si un ser humano es blanco, negro o amarillo: es humano y no puede haber nada peor. Y agrego: tampoco puede haber nada mejor. Los demás animales no ejercen la maldad simplemente porque su intelecto se los impide: son tan incapaces de idear y aplicar la bomba atómica como de intentar conseguir la cura del cáncer o contribuir a eliminar la miseria.


Las verdades a medias son más peligrosas que las mentiras evidentes, porque tienen mayor poder de prender en el sentido común de las mayorías. Todo lo que pongo aquí está fundado en opiniones de especialistas y en estudios empíricos (que son muy pocos pero existen, en parte gracias a la dedicación y al esfuerzo de estudiosos cuyas ideas no tienen la suficiente difusión en los medios hegemónicos).


Lo redacto de forma desordenada por un tema de tiempo y espacio. Estoy podrido de juicios imbéciles y soluciones basadas en esquemas de causalidad mágica.

Los especialistas no se ponen de acuerdo en todo, pero hay cuestiones que están más o menos claras. Sin embargo, gracias a la ignorancia, la pereza mental, las necesidades mediáticas y electoralistas, se siguen produciendo falsos debates. Vale decir: pueden existir  metodologías diversas para el tratamiento de enfermedades complejas, pero eso no implica que ningún médico se tome en serio la "teoría de los humores" para curar el cáncer.

En otras palabras, que la inseguridad nos afecte -en mayor o menor medida- a todos, no quiere decir que uno deba tolerar en silencio que se diga cualquier barrabasada. Ocurre que los medios suelen consultar a "la gente" en estado de emoción violenta, y nunca falta quien lanza invectivas que no aportan ninguna solución sino más y más confusión y odio. 

Tenemos tendencia a creer que la "democracia" y la "libertad de expresión" semejan el “cualunquismo”. Pero no me quiero desviar más de lo esencial; por otra parte, se trata de un gran embrollo -la relación entre democracia y "cualunquismo"- cuyo teórico clásico fue Alexis de Tocqueville, en su grandiosa obra: La democracia en América.


Mi intención es modesta: creo que si elevamos el nivel de debate podemos ayudar un poco a no dejarnos engañar tan fácilmente por odios irracionales, paranoias mediáticas o slogans idiotas. Algunas precisiones para complejizar el panorama:


1) El riesgo de ser víctima de un delito no es parejo en toda la sociedad: yo tengo menos riesgo de ser víctima de un delito con arma de fuego en ocasión de robo que alguien que vive en la villa, y más que alguien que vive en un barrio privado. A medida que uno va bajando en la escala social hay más gente partidaria de la pena de muerte: más que un problema ideológico, está en relación (y no se trata de la única relación, porque intervienen muchos factores) con la posibilidad de ser víctima;


2) La “policialización” es un problema grave, y consiste en que de los mismos sectores sociales se seleccionan, mayormente, los vértices de un triángulo muchas veces macabro: víctima, delincuente y policía. Ergo, muchos policías no lo son por vocación, sino que eligen serlo porque ven ahí una fuente de trabajo, obra social, etc. El entrenamiento policial es muy precario, y también la logística. El esquema policial nuestro está militarizado, es piramidal. No tenemos una policía comunitaria, como sí la tienen en otros países. 

El modelo estadounidense de "Estado gendarme", que impera mayormente en toda América latina, es nefasto:  infla el miedo, alimenta la paranoia, estigmatiza e instala la creencia de que la única salida está en respuestas vengativas como encerrar, castigar, reprimir y ajusticiar. Como si fuera poco, requiere una inversión multimillonaria: recursos que tiene el país del norte y no tenemos nosotros. Hay gente que ha estudiado muy bien el tema, como el sociólogo francés L. Wacquant. Lean ésta entrevista que le hicieron a Eugenio Zaffaroni.


La policía es un servicio civil, y sin embargo funciona como si fuesen milicos. Al estar militarizada, no puede sindicalizarse, no pueden hacer peticiones colectivas y discutir HORIZONTALMENTE las condiciones de trabajo… ¿Cómo formar una conciencia profesional sin discutir condiciones de trabajo? El milico está formado para recibir una orden y cumplirla; lamentablemente, los policías también (NO DEBERÍA SER ASÍ, prepararse para ir a la guerra es propio de militares, no de policías, por más que muchos medios lo planteen en esos términos);


3) Al estar militarizados, los policías se someten a órdenes arbitrarias: reciben instrucciones que son suicidas; tienen que intervenir en todo hecho delictivo que presencien, lo cual es una locura (miren “Policías en acción” o “El bonaerense” y se pueden dar una idea aproximada de su funcionamiento). Un tipo sometido a un régimen vertical donde nadie lo defiende, mal preparado y cagado de miedo no es una persona que esté en condiciones ideales de proveer seguridad en la vía pública;


4) Hay un dilema a nivel mundial, que es la “autonomía de las agencias policiales”. ¿Por qué Obama no cierra Guantánamo? Pues porque le van a largar al verdadero terrorista que va a poner una bomba al día siguiente en la Casa Blanca. ¿Qué pasó con Duhalde y Kosteki y Santillán? ¿Qué pasó con la masacre de Ramallo? No es joda, los policías ejercen presión de modos que pueden ser muy terribles para reivindicar sus intereses. 

5) Durante 2009, según Marcelo Sain -un estudioso del tema con quien lógicamente se puede estar en desacuerdo, pero desde el conocimiento y no desde el “a mí me parece que”-, la PFA destinó el 84% de su presupuesto en sueldos a un personal de unos 40.626 integrantes, entre oficiales, administrativos, técnicos contratados, etc. Tan sólo el 11, 99% en otros gastos de consumo y el 2.53% en inversión. ¿Cómo hace para financiar su funcionamiento una institución pública que cuenta con más de 40 mil integrantes, unas 750 dependencias con equipamiento y apoyo logístico y administrativo? CON FONDOS EXTRA-PRESUPUESTARIOS (DINERO DEL NARCOTRÁFICO, PROSTITUCIÓN, JUEGO CLANDESTINO, PROTECCIÓN DE BARRABRAVAS, ETC.). Esto exime a los gobernantes de idear formas de financiar “en blanco” a un organismo que es caro, de proporcionar capacitación y modernizar el equipamiento policial (armas, patrulleros, mejorar los sistemas computarizados, coordinar la información con otras comisarías, etc.).




El pacto entre gobierno y policía, que esencialmente no ha cambiado desde hace cuantimenos 30 años, es más o menos como sigue: el gobierno dice: yo garantizo que la institución policial no tenga que rendirle cuenta todo el tiempo a las instituciones, protejo ciertos jefes y cuadros policiales funcionales al pacto mediante su ascenso o promoción a otros cargos, y me hago el pelotudo ante hechos de corrupción policial o abuso de fuerza (incluido el “gatillo fácil”). Como es evidente aunque algunos no lo quieran ver, los destinatarios del abuso policial son, mayormente, los “negros de mierda”, muchos de los cuales son detenidos por “portación de cara” (¿cuántos de ustedes conocen víctimas de “gatillo fácil” entre personas de clase alta?).


También se sabe de muchos presos que son obligados a robar a cambio de un porcentaje, de operativos “armados” (pocas cosas hay más sencillas que "plantarle" un gramo de cocaína a un linyera para lograr un ascenso), etc. Del lado policial se le asegura al gobierno un grado socialmente aceptable de eficiencia en el control formal o informal del delito. Mi interés no se basa en una cuestión de “amor a mis queridos grasitas”: no, me importa elucidar las causas profundas para aportar soluciones viables. No me mueve, al menos en lo esencial, el resentimiento hacia una clase o el amor hacia otra; mi odio y mi amor se dirigen hacia personas reales de carne y hueso, no hacia “naciones”, “clases sociales”, católicos, judíos, agnósticos, protestantes, negros, amarillos, blancos o lo que fuere. Además, considero que la identidad de los seres humanos no es unidimensional, sino PLURIDIMENSIONAL. El odio y el temor hace que etiquetemos a “los otros” y los cosifiquemos, congelemos, fijemos en una sola dimensión de entre varias: “negros”, “judíos”, “trolos”, “emos”, “ladrones”... Como dijo Primo Levi, sobreviviente de un campo de concentración en Auschwitz, quien experimentó en carne propia y/o vio muchas de las conductas más abyectas e inhumanas de que ha sido capaz el género humano: “Los monstruos existen, pero son demasiado pocos para ser realmente peligrosos: más peligrosos son los hombres comunes”.


Rubén Carballo, el adolescente de 17 años que murió porque lo recagaron a palazos en los alrededores del estadio de Velez cuando fue a ver al recital de Viejas Locas, fue el resultado de una puja interna de poder. Las internas policiales siempre se dirimen en la calle, “haciendo” (como en el caso del pobre pibe que fue a ver un recital) o “dejando de hacer”, como cuando “liberan la zona” para que los delitos suban y así ejercer presión. ¿A quién está destinada esa presión? Varía: puede ser a la cúpula de la institución, a otros sectores policiales en conflicto, un ministro, un gobierno, un grupo u organización social. ¿El objetivo? Tumbar jefes o funcionarios, renegociar repartos y puestos, abrir ascensos congelados, amenazar o coaccionar a dirigentes políticos o sociales.


¿Y qué ocurre, bajo este sistema, con los policías que son expulsados por corrupción, como para hacer un “lavaje de cara” y que no sea todo tan evidente? ¿De qué labura un tipo que sabe manejar armas y tiene contactos con todo tipo de mafias y estratos de poder? ¿Labura de heladero, de profesor de filosofía, qué imaginan que hará? Con muuuucha suerte se podrá conformar con un sueldo sensiblemente inferior –inferior al que cobraba “por izquierda”, no al que figuraba en el recibo “en blanco”- como vigilante privado.


6) El delito callejero no es un problema nacional, sino barrial, local. Cada barrio y cada sociedad tiene problemas específicos que hay que estudiar localmente. Sólo desde la pelotudez más espantosa podemos pensar que la cuestión se resuelve “metiendo preso a todos los negros de mierda”. El tema es que NO HAY SUFICIENTES CIFRAS Y ESTUDIOS CIENTÍFICOS SERIOS. Si no sabemos bien qué pasa no podemos resolver la cuestión, que va mucho más allá del bombardeo mediático. Debería ser más que evidente: ¿o existe, por caso, alguna multinacional petrolera que invierta millones de dólares en realizar perforaciones en busca de petróleo sin hacer antes un estudio del terreno?


Por otra parte, las cifras generales y frías no dicen nada: como bien afirma Zaffaroni, si me dicen “hay mil homicidios”, uno debe preguntar: ¿homicidios callejeros, intrafamiliares, en qué ámbitos, cómo es el perfil del autor, cómo es el perfil de la víctima, cuál es el riesgo de victimización según la población? Cuando hay delito- y siempre lo hay en las urbes modernas, pues se trata de un problema mundial, pues la INSEGURIDAD CERO no existe- pero no se investiga adecuadamente, puede haber una sensación que no se corresponde con la gravedad de los hechos, o puede haber una no percepción de hechos graves.


Falsos dilemas:

"El problema es la droga”


El prejuicio radica en creer que todo consumidor es un adicto, y que todo adicto es un delincuente, lo cual es falso. ¿O todo el que toma alcohol es un alcohólico? El tóxico por excelencia, en el país, es justamente el alcohol. Cualquiera puede conocer a fumadores de marihuana absolutamente incapaces de hacerle daño a nadie. El tema del paco sí es un problema, porque el paco es un veneno que genera una adicción de carácter físico. Al margen del paco, que sí es un problema gravísimo, no hay vinculación directa y sencilla entre droga y delincuencia. En todo caso el problema es que se suele criminalizar al consumidor, en lugar de focalizar las fuerzas en perseguir el tráfico. Sea como fuere, habrá que hacer estudios científicos profundos antes de vincular livianamente droga y delincuencia, o de lo contrario conformarse con creer en las boludeces que dicen tantos mass media una y otra vez.


“La inseguridad no es una sensación, es una realidad”


Se trata de un lugar común que repiten todos los medios, que hacen su negocio privado publicando una y otra vez robos a mano armada, asesinatos y la sangre nuestra de cada día dánosle hoy.

En cierto modo, el sentimiento de inseguridad SIEMPRE es una sensación. Se basa en el miedo a ser víctima de un hecho delictivo o de violencia, y está vinculada a la sensación de aleatoriedad (“a cualquiera le puede pasar”) de ser potencial víctima de un hecho violento. Muy pocos temerán que un ovni se los lleve a Marte, casi nadie temerá a un delincuente tipo Bernard Madoff en Estados Unidos, que siendo gestor realizó una estafa financiera por 50 mil millones de dólares (porque uno no lo ve), pero muchos tendrán un cagazo padre de que “un negro me mate por dos pesos”. Esta “sensación de inseguridad”, como bien dice Gabriel Kessler, no tiene relación directa con el delito (sí tiene relación, obviamente, pero no es una relación sencilla, de causalidad mecánica). Si voy caminando por una calle muy poco iluminada y de frente viene otro tipo desconocido, aunque se trate de la persona más decente del mundo, puedo sentir “sensación de inseguridad” (capaz que cuando se acerca es un amigo de la facu, o un desconocido, o efectivamente es un chorizo y me descansa la billetera). Si Chiquita Legrand se topa en la esquina con un grupo de adolescentes vestidos de negro con remeras estampadas con calaveras tomando cerveza, aunque sean más inofensivos que mi sobrino de 3 años, puede llegar a sentir “sensación de inseguridad” aunque no exista ningún delito. Si además Chiquita Legrand mira el noticiero todo el día, con la noticia de un robo a mano armada a la mañana, a la tarde, al mediodía, a la noche, y entrevistas periodísticas a vecinos que dicen “sunabarbaridá, los delincuentes entran por una puerta y salen por otra, sinosepuedevivír”, seguramente la “sensación de inseguridad” de Chiquita Legrand aumenta. Vale decir: la sensación de inseguridad es RELATIVAMENTE independiente del aumento o la disminución de los índices delictivos, y se relaciona con factores múltiples y variables. La sensación de inseguridad varía, además, cuando uno compara su situación con experiencias pasadas: si antes en el barrio se podía salir a la noche tranquilo y nunca pasaba nada, o pasaba muy poco, o pasaba todo el tiempo, etc.


Como bien dice Kessler, hay sensaciones de temor compartidas y otras que son propias de cada grupo social: “así, por ejemplo, policías y patovicas son temidos por jóvenes de sectores populares; agresores sexuales por mujeres de barrios del conurbano y, en sectores populares de algunas provincias, se teme a figuras ligadas al poder capaces de todo tipo de abuso. También, en los sectores medios y altos de Capital, puede temerse a “gente que antes no existía”, como mendigos o cartoneros, así como se tiene una alta desconfianza a la policía”. Ni falta que me hace que me digan que hay gente “que roba y mata por dos pesos”, lo sé. También hay gente que roba y mata, no a uno sino a muchos, por algunos millones de pesos. Sea como fuere, tanto yo como TODOS los miembros de mi familia hemos sido víctimas de diversas situaciones de inseguridad (con uso de arma de fuego). Por mi parte, más que vengarme, me interesa elucidar las causas para ayudar a prevenir consecuencias no deseadas.

Kessler resume muy bien el problema:


“El sentimiento de inseguridad nunca fue un reflejo de las tasas de delito en ningún país: por lo general aumenta cuando se produce un incremento de la criminalidad, pero una vez instalado como problema social, no necesariamente desciende aunque las tasas de delito disminuyan. Tampoco los niveles de temor entre los sexos, franjas de edad y niveles socioeconómicos son proporcionales a las probabilidades de victimización real de cada grupo. Entre otros factores, la relación entre delito y temor está mediada por la diferente aceptabilidad del delito de una sociedad en un momento dado. La inseguridad implica un aspecto comparativo: es en parte la denuncia de una situación que, en el imaginario social, no era así en el pasado o que, en todo caso, debería ser otra ahora”.

“¡No roban para comer, roban objetos de lujo!”


Bueno, esta frase es más boluda de lo que parece. En principio si tengo hambre no necesariamente voy a robar pan, porque en toda mercancía existe una distinción entre valor de uso y valor de cambio: puedo cambiar un plasma por dinero e ir comprando comida, ¿quién va a ser tan pelotudo de ir a una panadería y robar 100 quilos de pan, con lo que costaría trasladarlo? Más allá de eso, es obvio que muchos no roban “por hambre”. En principio, debemos admitir que vivimos en una sociedad de consumo que constantemente nos envía mensajes que nos dicen que SER y TENER son sinónimos. Las publicidades no te dicen que si tenés la panza llena sos un capo. La panza llena es lo mínimo indispensalbe que satisface tu parte animal. Para existir, como ser humano, tenés que consumir determinados productos: ropa de marca, tener cable, computadora, comer en tal restaurante, vivir en tal barrio, etc. Los pibes que viven en villas no tienen gustos demasiado diferentes a un nene de clase alta: la sociedad actual está estructurada de modo tal que todos deseamos más o menos las mismas cosas, pero está regida bajo un sistema económico que hace que no todos podamos tenerlas. Está claro que los medios se encargarán de mostrar "cómo Carlitos Tevez salió de la miseria por su propio esfuerzo y se hizo a sí mismo y bla bla bla". ¿Pero cuántos Carlitos Tevez hay? Lo mismo ocurre en muchos países, no somos los únicos: En Estados Unidos, la población carcelaria está llena de hispanos y negros. Allá seguramente los medios mostrarán como un basquebolista del Bronx salió adelante con su propio esfuerzo y tal. Más allá de toda esa perorata, combatir la desigualdad es UNA DECISIÓN POLÍTICA. Ejemplo: Suecia, Finlandia, Dinamarca, etc. Estados Unidos es un contraejemplo: es el único país del llamado primer mundo que, con toda la guita que tiene, presenta niveles tan altos de pobreza y violencia. 

Aclaración: cuando digo que combatir la desigualdad es una decisión política me refiero a Estado (gobierno+oposición), clases dirigentes y sociedad civil. TODOS. Aunque no todos con la misma responsabilidad, pues es obvio que la clase dirigente, gobierno y oposición son quienes tienen la responsabilidad mayor. 


Ahora bien: es muy difícil redistribuir la riqueza, porque quienes más tienen no quieren perder sus privilegios. A grandes rasgos: si ponés un impuesto a los más pudientes te saltan a la yugular y te dicen "se quieren quedar con la guita estos políticos corruptos de mierda", "desalentás la inversión", etc; si dejás todo librado al "libre juego de las fuerzas del mercado" y no regulás se te llena la población de desocupados, indigentes, etc.... claro que luego tu solución será criminalizar la pobreza y perseguir a los que quedaron afuera del sistema tratando por todos los medios de hacer que las víctimas se transformen en verdugos para la opinión pública. Dejando todo al "libre juego del mercado" tendrás a muchos repitiendo como loros: "no hay que darles un paty y una coca, hay que darles trabajo". Es cierto, coincido, pero no es un tema sencillo. ¿En qué mierda de multinacional aceptan a un pibe criado por un padre alcohólico y ausente, que le pegaba a la madre y desde chiquito fue obligado a pedir en la estación de subte? ¿De qué carajo va a laburar ese pibe? ¿La solución es matarlo?


¿Y las nenas de las villas/indocumentadas/inmigrantes de otros países o provenientes de otras provincias que son obligadas a ejercer la prostitución, secuestradas en las redes mafiosas con la connivencia policial y política? ¿Son negras de mierda que no quieren laburar?


Otro tema: ¿Cuándo vieron en La Nación o Clarín tapas de niños coya o indígenas en las publicidades? Un indígena en la tapa de un diario masivo como los citados ilustra, casi seguro, algún titular vinculado con hambre, desnutrición o algo por el estilo. ¿Cuántos niños argentinos son parecidos a los que salen en las fotografías de Cheeky?

Los “negros de mierda” crecen y desde nenes son condicionados a pensar que ser morochos y de tez morena es menos deseable que ser rubio y parecerse a los adolescentes de “Casi ángeles”. ¿O alguno cree que no es así? Vaya y haga una encuesta. Así como existe la “anorexia” como enfermedad básicamente SOCIAL, lo mismo ocurre con el odio y el resentimiento a que son sometidos muchos pibes pobres. No es un odio “natural”, sino que está basado en cuestiones históricas, sociales, mediáticas, etc.


¿Es “natural” que Haití tenga un PBI (Producto Bruto Interno) de unos 11.700 millones de dólares, repartidos desigualmente en una población de poco más de 10 millones de habitantes, mientras Bill Gates tiene (o tuvo, no sé ahora) unos 41 mil millones de dólares? ¿Es “natural” que una sola persona, o algunos más si contamos su familia, tenga casi 4 veces más dinero que un país entero?


Sé que no somos todos iguales: hay personas con más talento que otras, y/o con mayor capacidad de trabajo, y no me parece lícito ni posible que todos gocen del mismo sueldo. No soy comunista (ok, ya sé, el "comunismo" es mucho más complejo, pero esa es otra discusión). Lo que digo es, ¿Bill Gates, solito y con su propio esfuerzo, tiene potencialmente más capacidad de trabajo y talento que 10 millones de personas? ¿Realmente alguno puede creer seriamente en eso? ¿No existe algo enfermo en nuestra sociedad? ¿No es simplista echarle la culpa a “todos los negros de mierda”?


Resulta trivial decirlo, pero obviamente creo que quien comete un crimen debe ser castigado de acuerdo a la ley, ya sea que se trate de un ladrón de estéreos o un tipo que realizó una estafa financiera de alta complejidad. También es evidente que como las estafas de alta complejidad son más difíciles de probar y tienen una estructura menos "mediática" y "cinematográfica" que un robo a mano armada, no suelen aparecer en los medios (se necesita una inversión en investigación periodística mucho más seria y compleja, y menos redituable, que poner en tapa un asalto que incluya tiroteo con la policía). Esa es una de las razones por las cuales la gente no se la suele agarrar con el estafador de millones de dólares, porque ni siquiera lo percibe como problema; e incluso hasta lo puede llegar a admirar en la tapa de Caras o Gente.

Para finalizar, dejo un aporte de alguien que gestionó y tiene conocimiento sobre el tema: una exposición de Marcelo Saín.


BIBLIOGRAFÍA SINTÉTICA:

"La palabra de los muertos", de Eugenio Zaffaroni.

“¿Qué hacer con la ley y el orden?”, de John Lea y Jock Young.

"El sentimiento de inseguridad", de Gabriel Kessler.

“Los condenados de la ciudad. Gueto, periferias y Estado”; de Loïc Wacquant.

“El Leviatán azul. Policía y política en la Argentina”; de Marcelo Sain.

“Trabajo, consumismo y nuevos pobres”; de Zygmunt Bauman.

SIMONE WEIL Y EL CASTIGO

Para Simone Weil, el castigo era una "necesidad vital del alma humana". Este artículo está en función de éste.

La filósofa francesa decía:

Por el crimen el hombre se coloca fuera de la red de obligaciones eternas que ligan a cada ser humano con todos los demás. Sólo pueden reintegrarse por el castigo, plenamente si hay consentimiento de su parte, si no imperfectamente. Así como el único modo de testimoniar respeto al que sufre hambre es darle de comer, el único medio de testimoniar respeto al que se ha colocado fuera de la ley es reintegrarlo a la ley sometiéndolo al castigo que ella prescribe.

La necesidad de castigo no se satisface allí donde, como ocurre en la mayoría de los casos, el código penal es sólo un procedimiento de coacción por el terror.

(...) Para las faltas como para los crímenes el grado de impunidad debe aumentar no al subir sino al descender en la escala social. De otro modo los sufrimientos infligidos se sienten como violencia o aun como abusos de poder, y no constituyen castigo".

Aclaremos que Weil es una especie de "santa". No hay la menor posibilidad de concretar el tipo de sociedad que ella desea, cuantimenos en sociedades urbanizadas y donde viven millones de habitantes. La política es un barro necesario donde crece la vida; pero está mezclado con mierda (negociados, mafias, intereses). Sin embargo, sus palabras y su testimonio de vida sirven como ideal regulador para pensar cuán alejados estamos de sus concepciones. Naturalmente, no hay porqué compartir sus ideas, pero siempre es importante leerla, porque sus palabras nos interpelan en lo más íntimo.

domingo, 1 de mayo de 2011

ENCUENTRO ENTRE CHARLY GARCÍA Y DAVID VIÑAS

Por estos días estuve leyendo algunos libritos de Comte-Sponville. Un tanto cansado de textos livianitos, la muerte de Sábato me hizo acordar al reciente fallecimiento de Viñas y entonces se me ocurrió volver a leer al amigo "Viñas de ira" -figura absoluamente contraria a "fast thinkers" como el muchachote francés antes citado- y a mirar algún programa sobre su reciente desaparición por el popularísimo canal youtube.

Parece ser que una vez, cuando era purrete, Charly lo fue a ver a Viñas. La anécdota fue relatada por Beatriz Sarlo en el programa Los siete locos, que si no me equivoco está en un horario similar al de "mañanas al pedo", la parodia de Cha Cha Cha. La excesiva polarización del discurso político -junto con cierto antiintelectualismo típico de los populismos- hace que muchos desprecien a Sarlo, lo cual no me parece del todo justo. Sarlo es una intelectual a quien vale la pena leer o escuchar, aunque más no sea para discrepar.

En fin, hoy quería rescatar esto que la mina cuenta aquí: la vez en que Charly -y tal vez Nito Mestre- van a ver a David Viñas. Miren a partir del minuto 8, más o menos.

Para quien tenga pereza de mirar el video, transcribo la anédota porque soy re macanudo:

SARLO: "Un día, estábamos en el mismo partido (con Viñas) en ese momento, y yo caigo...

CRISTINA MUCCHI: ¿Qué partido era?

SARLO: Partido Comunista Revolucionario, "chinoísta" (...)

CRISTINA MUCCHI: ¿Año?

SARLO: 1970 o 71. Yo caigo en la casa de David, no sé llevada por qué misión, y David me dice: "¿sabés que vinieron dos pibes, que los podríamos usar para algún festival" o qué se yo, y le digo: ¿quiénes son David?


"Uno me dijo que se llamaba Charly".

Era la época de Sui Generis, más o menos: que va de 1971 a 1975.

¡Qué loco! ¿No?